JesusPilatosQuid est veritas?

Por Rafael Varela II

Esa frase se mantuvo fija en mi memoria aquel día. En latín se escuchaba (según mi apreciación) más impactante, y entonces agradecí secretamente a Mel Gibson su sagaz detalle de incluir los idiomas originales en la película que acababa de presenciar, La Pasión del Cristo. Y quizás la recuerdo tan bien puesto que era la única frase que yo había podido entender, junto con otras dos, de ese idioma; “Quid est veritas?”; “¿Qué es verdad?”. Había sido pronunciada por el procurador romano Pilato en un interrogatorio (porque realmente no se puede llamar conversación) a Jesús, el día que lo crucificaron.

Cuando yo era aún joven, esta interrogante descrita en el Evangelio siempre me intrigó, debido a que me “sonaba” un tanto cuanto sincera de parte de Pilato. Sin embargo, después de ver aquella escena volqué mi nueva (y al mismo tiempo añeja) curiosidad por leer de nuevo el capítulo 18 de Juan. ¿Era realmente la intención de Pilato conocer la verdad cuando pronunció aquellas palabras? Creo que no. Tan pronto Pilato exclamó esta frase, salió de nuevo fuera del pretorio ante los judíos, dejándose sin otra oportunidad de escuchar a la Verdad. ¡Estuvo frente a ella y dio por sentado que nadie podía conocerla! Oyó de los labios mismos de Jesús que su venida era para dar testimonio de esa verdad, y aún así no se tomó unos minutos más para recibir lo que hubiera cambiado su vida. ¡El ya tenía su verdad preconcebida y juzgó con antelación a un hombre inocente! Y esa actitud predomina en el mundo de hoy. Antes de escuchar a Jesús, los hombres tienen una opinión formada. La gente piensa que no existe la verdad absoluta y no dan oportunidad a sus oídos y a su corazón, y ciegamente prefieren su verdad, cualquiera que sea el destino a que les lleve.

Me he topado continuamente con esta postura al querer compartir esa Verdad con mis conocidos. Tienen una filosofía propia de la vida y concluyen que es la adecuada, o que no se puede tener certeza absoluta de un camino correcto para un destino final certero. Se les olvida que Dios es veraz (Ro. 3:4) en todo lo que dice, y su deseo íntimo es que nadie se quede en confusión, sino que todos conozcan la verdad (1 Tim. 2:4). Y cuando les decimos que Jesús es el verdadero Camino, la única Verdad y la Vida eterna (Jn. 14:6) inmediatamente dejan la conversación, diciendo: “Esa es tu verdad, no la mía”. Algunos de ellos, con algo de sarcasmo, dicen como los atenienses a Pablo (Hch. 17:32): “!Ya te oíremos en alguna otra ocasión!”. Otros más tienen una verdad preconcebida por la religión, dejando en manos de otros su salvación (es decir, en aquellos que les “interpretan” el Evangelio) y no se toman la molestia de “escuchar” a la Biblia, leyéndola ellos mismos, atentos y con humildad ante ese testimonio de la verdad (Ef. 1:13); son pequeños Pilatos modernos que cierran sus oídos anticipadamente.

Quid est veritas? ¿Qué es la verdad? La Verdad simplemente es Jesús, y siguiéndole seremos verdaderamente libres (Jn. 8:32).

Septiembre 9, 2014